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¿Con brasier o sin él?

Una elección que cada mujer es libre de decidir.

Photo by: Yoroom

Por: Ilse Hernández Morato 

La primera vez que decidí salir a la calle sin usar brasier, sentí que mis brazos no eran lo suficientemente grandes, no dejaba de abrazarme a mí misma, − como si aquella prenda fuera una especie de armadura o una capa de invisibilidad que me ocultaba de las miradas y ese día entendí algo acerca del feminismo… −.

¿Por qué mientras las personas que iba encontrando por la calle me observaban?; debo decir que me sentí juzgada: dime qué tipo de sostén usas y te diré quién eres,  y si no usas nada, cariño, es obvio lo que quieres.

​Eso no fue lo peor, sino mi propio sentimiento de incomodidad, conmigo, con mis pechos, con mis pezones que se marcaban frente a la camisa. Me puse a pensar en las mujeres extranjeras que lo hacen y en las celebridades; en los hombres que se quitan la camisa en tiempo de calor. Reflexioné sobre la misma prenda y en su utilidad.

 − Es para que no se te cuelguen cuando seas vieja − me dijeron.

¿Es eso cierto? Pero cuando sea vieja de todas formas todo se me va a colgar ¿No?

Así que entré en modo “detective”, me di a la tarea de investigar la historia de la dichosa “prenda creada por el patriarcado”.

Y bendito o maldito internet y todas sus versiones; que si fue creado por personajes ficticios, que si una mujer inventó el brasier para finalmente liberarse de otro de los instrumentos de tortura famosos de la antigüedad: “El corsé”. No entraré en detalles pero se dice que fue finalmente una mujer estadounidense quién registró la patente.

Sin embargo, pienso que la historia de la prenda ha sido más maquillada con el paso de los años que la historia de México en los libros de texto gratuitos; pero no por ello deja de ser interesante, que si los Rusos, que si los Franceses, que si la guerra. En los años 60´s se convirtió en un símbolo político, aunque si somos justos, en esa época ¿Qué cosa no lo era?.

¿Acaso la prenda que fue pensada para liberarnos del corsé se convirtió en un símbolo de represión? Pero aquí estamos, continuamos usando la “prenda del escándalo” y ha llegado a diversificarse de tal manera que en cada tienda no encuentras uno igual: los hay de encaje, de licra, de algodón, para adultas mayores, para niñas, sí, para niñas; para hombres, para protegerte de las violaciones, vamos, hay sostenes hasta para medir tu temperatura corporal y tu presión arterial.

De tal manera que el brasier se ha enfrentado a la lucha contra el cáncer casi tantas veces como el cigarrillo y los transgénicos y al igual que estos ha salido victorioso (siguen vendiéndose) pero a su vez, se han valido de él para concientizar a las personas de la necesidad de una periódica revisión para la detección oportuna del cáncer de mama.

Ni los calzones ni los calcetines han sufrido de esta cacería de brujas. Mientras que unos lo defienden otros lo queman en hogueras frente a las sedes del gobierno, pero ambos bandos están de acuerdo en una cosa, tanto si lo usas como si no lo usas serás objeto de escrutinio, serás señalada y juzgada, no por tu sexo, no por tus ideales religiosos o políticos, ni siquiera por tu buen o mal gusto. Te van a criticar por usar o no usar dicha prenda “íntima”.

Y ahí parada en medio del centro comercial buscando un nuevo y bonito sostén rosa, harta de tanto pensar, me di cuenta de que la respuesta es más simple de lo que creí, no se trata del brasier, no es si decido depilarme o no; no lucho contra el patriarcado, no lucho contra el gobierno, no lucho contra los carnívoros ni los veganos, vamos que ni siquiera lucho contra el sistema y mucho menos lucho en contra de los hombres o en contra de otras mujeres y si me pongo más radical diría que no lucho en contra de las ideas capitalistas y consumistas. 

No voy en contra ni a favor, mi lucha se resume en una sola palabra, en un sólo concepto descubierto por la humanidad que ha sido justificado una y otra vez, que ha sido plasmado en palabras de personajes ilustres y que ha sido tergiversando a la conveniencia de cada uno.

Mi lucha se llama RESPETO y de él nace mi conciencia y no tiene fin, no se avergüenza de mis pezones, no conoce de causas, no discrimina pobres, ricos, religiosos, políticos, machistas, feministas, carnívoros, veganos, no empieza con el derecho ajeno como se piensa comúnmente, no está subordinado a las acciones ajenas y no puede ser exigido, no, no creo como otros que el respeto sea un “valor”, yo creo que el respeto es una ley inquebrantable y nace de ti, si nos respetáramos, si de verdad sintiéramos ese profundo respeto por nosotros mismos y por todo lo que nos rodea, material o inmaterial, vivo o inerte, no existirían las causas.

Sin importar cuál sea tu lucha, sin importar las causas que elijas proteger o los símbolos que quieras usar; y sin importar si decides salir a la calle con brasier o sin él recuerda una sola cosa, todo se resume en respeto, vamos, ve y practícalo.   

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