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MÉXICO LINDO Y QUERIDO: AHÍ DONDE HABITAN LOS NAZIS DE CLOSET.

la condena al feminismo y la exacerbación del machismo

Por: Axel Vite

A 75 años de la tragedia, nadie pondría en duda que el Holocausto figura como uno de los eventos más atroces en la historia de la humanidad (nuestra civilizada, amorosa y compasiva especie): millones de judíos —junto con homosexuales, gitanos y actores políticos que se oponían a las acciones del tercer Reich— serían masacrados, torturados y robados en manos del partido Nazi liderado por Adolf Hitler.

Conduciendo los principios del nacionalismo hacia los límites de la propia locura, Hitler dispuso todos los recursos necesarios para condenar a la comunidad judía mientras abrazaba los dogmas filosóficos de personajes tan desconocidos como falsos. Jörg Lanz von Liebenfels y madame Blavatsky pregonaban ya la existencia de los arios y la inferioridad de otras razas cuando Hitler era joven: nutriría estas creencias equivocadas gran parte de su juventud y las extendería por toda Alemania.


Cegado por su propio fanatismo, pero al mismo tiempo víctima de la pobreza y el fracaso (no
olvidemos que durante su estancia en Viena dependería de judíos para subsistir), Adolf Hitler se dedicaría a construir un nacionalismo exacerbado, violento, intolerante; con funestas consecuencias para toda la humanidad…

Sí, 75 años después de la tragedia, y en un país con la mayor diversidad cultural de América Latina, aún es posible encontrar el mismo nacionalismo arraigado, atroz, monstruoso, y, peor todavía, acrítico: sólo en México (paraíso terrenal para los partidarios de la impunidad, el conservadurismo, la pedofilia…) los nazis de closet poseen los medios y recursos necesarios para subsistir sin ser juzgados por un organismo interno que asegure la justicia, la tolerancia y la equidad.

Es cierto, tal vez no cuentan con cámaras de gas, uniformes donde la esvástica ondea sin pudor, campos de concentración o exterminio (recuérdese la diferencia) o un líder con las intenciones de erradicar a Europa, sin embargo, no por sublime un acto violento merece la indiferencia o la pasividad de los testigos.

Las crecientes manifestaciones del feminismo han levantado el falso telón que México siempre ha mostrado al mundo, ese México donde la calidez y la amistad se distinguen con orgullo, donde el amor y la familia son los valores más preciados. Ya en alto, ahora nos encontramos con un escenario poblado por nazis e indiferentes: los primeros se han mostrado dispuestos a lapidar el feminismo y a cualquier hombre o mujer que simpatice con la búsqueda de justicia para los inocentes; los segundos sólo se dedican a observar cómo se construyen los nuevos campos de concentración en medios virtuales o por medio del aparato legal.


¿Parece exagerada y pretenciosa esa imagen de una facción adscrita al nazismo? En redes sociales un gran número de individuos han externado que deberían utilizarse balas y otros instrumentos bélicos para contener y erradicar las manifestaciones; los “machitos” pretenden que las feministas marchen a sitios recónditos donde pulula la trata de personas para detener —por sus propios medios— a los padrotes, como si tal acción no implicara enfrentarse a una muerte segura; una mayor parte de la población extiende su aversión hacia un movimiento sin otra pretensión que la justicia porque este ha dañado algunos monumentos, y, seamos honestos, también preferirían verles muertas y muertos. En resumen, se les están condenando a la muerte tal como Hitler y el partido Nazi hicieron con los judíos porque estos no formaban parte en los ideales de una Alemania unificada, pura y superior.


¿No es México el país donde habitan los nazis de closet?

Al feminismo se le está condenando porque rompe esa unidad que tanto deseamos transmitir al mundo y a nosotros mismos en un auto engaño hipócrita y estúpido: ya que se muestran inconformes, las y los feministas no encajan con la idea del mexicano feliz, ese que abre las puertas de su hogar a conocidos y desconocidos.


Peor todavía, dañan esos mismos monumentos que nos otorgan identidad nacional en un acto “violento” capaz de destruir a México… como si no fuera posible levantar monumentos con el cascajo que nuestro vecino tira en la naturaleza.


Los nazis pretendían crear una Alemania unificada, heterogénea en todos los sentidos, digna de orgullo… y sí, ese parece ser el ideal de nuestro México: un país donde sólo predominen los principios del machismo, donde no exista el deseo de paz o justicia sin importar las consecuencias de un sistema arcaico y corrupto, donde la diversidad se apague de forma lenta y silenciosa.

Y no quepa duda, si los “machitos” o “machitas” (porque también existen mujeres perpetuando el machismo) fuesen de tez blanca y ojos azules, serían capaces de argumentar que el feminismo sólo es consecuencia de una inferioridad racial marcada por la mezcla de indígenas con españoles, mulatos, negros…


Es cierto, parece imposible sostener que México sea el hogar del nuevo nazismo, sin embargo,
debería ser más improbable vivir en un escenario donde los inocentes y quienes buscan justicia siempre son los más azotados.

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