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Amor en tiempos de pandemia

Photo: Getty Images

La batalla más silenciosa

Por J. Fernando Salgado

Cuarentena, un término que define el aislamiento sin tiempo determinado para evitar que se extienda una enfermedad; por desgracia, no es la única amenaza. Es un hecho innegable que enfrentamos un desequilibrio emocional y mental mientras escuchamos las palabras cuarentena, contingencia y aislamiento; estos conceptos producen un sentimiento incómodo en nuestro interior. Cómo no habrían de hacerlo cuando de un momento a otro, de manera improvisada, nos movieron el tablero: desaparecieron planes, clases, viajes, estrenos en cine y citas con la persona que ya te había aceptado la invitación. Ahora, después de casi tres semanas, encontramos opiniones divididas, corazones rotos y una incertidumbre en masa.

En un mundo lleno de tecnología descubrimos que necesitamos el contacto físico, la risa de los amigos inundando nuestro espacio, ese momento del día para llegar y decir: “¿Qué pedo? ¿Cómo te fue?”, o simplemente caminar de la mano con aquella persona que mejora tu día con una sonrisa (después de mirarse a los ojos todo se reduce a un beso). Debemos aceptarlo, por más solitaria que seas como persona, en definitiva mantenías una rutina donde amigos, familia o pareja eran un pilar fundamental; tan sólo andar por las calles ya implicaba establecer contacto con otros seres humanos, sin embargo, esto es imposible justo ahora: como una torre de Jenga nos desbalancearon, y muy en el fondo tememos que nada vuelva a ser lo mismo.

Por fortuna, aun existe esperanza: podemos enviar mensajes en grupos de whatsapp, iniciar video llamadas para invocar ese beso (tan necesario) a través de una cámara y como si observáramos por una ventana podríamos vislumbrar aquella sonrisa que nos inspira a resistir. Estos pequeños detalles tienen la capacidad para mantenernos de pie: alimentan la ilusión, ayudan a recordar que no estamos solos a pesar de la distancia y nos permiten sentir el contacto con otros seres humanos.

Tampoco debemos negar que estas nuevas formas de contacto, aunque limitadas, podrían salvar vidas: aunque tengamos la oportunidad de reunirnos, sabemos, es indispensable evitar ese contacto físico que tanto anhelamos, en especial cuando este virus se encuentra cubierto por una delgada capa que le permite adherirse a las mucosas de la nariz, de la boca y los ojos (por lo tanto, nosotros mismos deberíamos mantener una higiene máxima.)

Nuestro papel estelar

Si bien es una realidad que la pandemia actual aun no está cerca de terminar, debemos tener en cuenta el cuidado de nuestra salud. Primero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud como: «Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», o en otras palabras, es utópico que alcancemos un estado total de ausencia de malestar o afectación en cualquiera de nuestras esferas. Por lo tanto, no perdamos la fe: está bien vivir todas esas emociones que parecen no “saludables” en nuestro interior, está bien tener miedo, preocupaciones, deseos de salir, ganas de llorar, estrés y frustraciones.

La salud es un estado dinámico, siempre en movimiento: cada día podemos vivir cientos de experiencias que nos provocan emociones o estados diferentes, y lo importante es saber otorgarles el valor pertinente, aceptar que pueden presentarse hechos desagradables y aún así siempre tendremos algo que nos permita volver a sonreír.

La breve explicación anterior debemos tenerla en cuenta hoy en día y a cada momento: aunque el mundo jamás volverá a ser como era antes, siempre tendremos recursos para sonreír, incluso dentro de la cuarentena. Todos tenemos un papel importante para salvar el día, sin embargo, debemos estar bien nosotros mismos.

Justo ahora podemos ser los héroes de la película: el COVID-19 parece invencible, pero en  fortaleza reside su punto débil… esta capa lo hace vulnerable al jabón, al cloro y a los demás desinfectantes comunes. ¡Estos productos son su kriptonita! Además, en esta lucha contra un enemigo común, en definitiva contamos con apoyo al tratar de cumplir estos objetivos: 1) controlar la transmisión del virus, 2) garantizar la disponibilidad de salud pública y cuidados, 3) minimizar el riesgo en entornos expuestos como instituciones sanitarias, 4) poner en marcha medidas de prevención en el trabajo, en las escuelas y otros lugares de alta conglomeración, 5) controlar el riego de casos importados, y 6) responsabilizar a la población.

Sin duda, somos los protagonistas de este año, muy parecido a una película post-apocalíptica donde obscuras avionetas sobrevuelan las ciudades con mensajes de seguridad autoritaria (como fondo musical podríamos imaginar aquella pieza de Wagner tan conocida: Cabalgata de las Valquirias). Todos tenemos el papel estelar, para nuestros padres ya mayores, para nuestros hijos, nuestra esposa o esposo; búsquemos información fidedigna en internet, no creamos cualquier noticia circulando en Facebook (cualquier persona puede liberar estadísticas falsas con motivos personales), y evitemos los remedios que pasan por esas cadenas en redes sociales.

Recordemos, somos uno de los países más grandes en medicina a nivel mundial y ahora debemos confiar en nuestros médicos; todos tenemos un amigo, familiar o vecino médico al cual podemos acudir en caso de tener dudas. Él podría tranquilizarnos y orientarnos con información verdadera.

Aquí dos páginas en las que podemos aclarar muchas dudas e informarnos sin miedo:

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