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Portal: minificción de terror

Una historia donde los monstruos cobran vida

Por Fernando B. Salgado

Todos se han juntado, están aquí. Primero, corro por aquella bodega abandonada, del subterráneo al tejado, y de la puerta frontal cerrada misteriosamente con candado a la puerta trasera que no se mueve ni un milímetro. Estoy perdido, comienza a faltarme el aire y poco a poco me quedo afónico de gritar sin obtener otra respuesta que no sea el violento y ensordecedor coro de aquellos monstruos saboreando a su próxima víctima.

Yo, quien desde niño sufro de pesadillas constantes, justo ahora las encuentro reunidas: veinte años de perturbaciones nocturnas y sus habitantes en una sola noche. Pido a gritos despertar. Cierro mis ojos antes de que un tentáculo o una fría y esquelética mano me obliguen a correr de nuevo. Me vuelvo loco intentado despertar: uso todos los trucos que conozco, desde el “intento de suicidio” hasta la onírica puerta a la vigilia.

Esta última parece funcionar: puedo ver mi cuarto, estoy envuelto en cobijas recién lavadas y la noche se escucha tranquila tras la ventana. Pienso: “Lo he logrado” hasta que esos rostros vacíos y putrefactos me hacen caer en la desesperanza. Siguen aquí. ¿Por qué? ¿Por qué ahora en mi casa? Trato de rezar, trato de luchar, correr, esconderme, morir, pero… ¿Por qué no termina esto? Esos horribles ojos amarillos y dientes afilados… me observan y me desgarran al mismo tiempo; el cabello ensangrentado baña mis manos y corro, corro gritando, implorando, preguntando si Dios existe.

Mamá me salva tirándome de la cama para anunciar el desayuno: mi respiración, antes agitada, retoma su ritmo convencional y despreocupado. Ahora me visto con inocente placer tratando de olvidar aquellos sueños malditos. ¿Por qué serán más difíciles de olvidar que otros? Me peino y arreglo frente al espejo, sonriendo como un estúpido porque al fin ha concluido la pesadilla… es así hasta que logro contemplar  esa extraña criatura negra, nauseabunda, demoniaca, asomándose por la puerta del closet.  Pero esta vez no hay duda, estoy despierto.

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