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Emily in Paris: el cliché y la arrogancia que le valieron duras críticas. ¿Vale la pena?

Aunque algunos la amaron y quedaron fascinados por los outfits parece que no le llegó ni tantito a Sex and The City

Por Daphne Galó

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Luego de que hemos pasado más tiempo en casa y con más tiempo libre en nuestras manos, muchos hemos usado Netflix para distraernos un poco (mucho) de lo que pasa a nuestro alrededor.

De entre el vasto repertorio en el que uno puede perderse horas para elegir, está el estreno tan peculiar de Emily en París, un proyecto del productor Darren Star quien trata de emular lastimosamente la fórmula de su exitosa serie Sex and the City; pero esta vez para la generación Z.

Con la participación estelar de la actriz Lilly Collins como Emily Cooper, la historia gira alrededor de una joven que recibe la oportunidad de ser la voz “americana” en una importante empresa de marketing en el corazón de Francia. Encontrándose con obstáculos, nuevos compañeros, amigos, una jefa que la tolera poco y romance muy casual.

Sin embargo, lo que parecía ser una propuesta con mucho potencial que se alejaba de otras series en la plataforma de streaming, está llena de clichés y estereotipos sobre los franceses que le quita cierto encanto a Emily en París.

A poco tiempo de su estreno, los franceses criticaron duramente como fueron representados como una vulgar caricatura entre varios de los personajes que conviven con la protagonista durante la serie de 10 episodios. O eran groseros, sucios, amargados, incapaces de ser fieles o no sabían vivir la vida en una de las más hermosas ciudades en el mundo hasta que Emily les enseña cómo deben ser.

Lo cierto es que la Carrie Bradshaw 2.0 fallida es un personaje estético, hueco y arrogante que disminuye nuestra capacidad como espectador de quererla. Llega a un trabajo que evidentemente le queda grande, tiene choques culturales todo el tiempo, no se dedica a aprender el idioma y la cultura francesa y ante algún problema todo se resuelve milagrosamente para ella.

Hay varias formas de presentar una comedia romántica ligera, pero lo cierto es que en esta parece que los escritores decidieron prescindir de una voz francesa que pudiera guiarlos a llevar a cabo un mejor trabajo. O bien, mínimo darles profundidad a sus personajes más allá del estereotipo a cumplir.

Otro asunto es el vestuario, a cargo de la icónica Patricia Field (Sex and the City y El Diablo Viste la Moda), en ocasiones parecía que los conjuntos formaban una linda combinación clásica con algo edgy y en otras parecía un desastre de colores chillones que contrastaban sin sentido alguno. Eso sin tomar en cuenta que una joven viviendo en un distrito caro de la ciudad se puede permitir muchos accesorios de diseñador.

Pese a los aspectos negativos, Emily en París ha cautivado a la gente por ser una serie deslumbrante como un relato de Instagram puesto en la pantalla chica. Si estás buscando sólo pasar el rato y reírte un poco puede que te agrade un poco. ¿Te animas a verla?

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